El lujo de los espacios interiores

Un buen suelo no necesita alfombra

Mesa en una sala del Banco de España, Madrid. Marzo 2009. FATografia.

Siempre he tenido la curiosidad de fijarme en las cosas que aparentemente no tienen valor, de aquello que la mayoría de la gente desprecia, pero esto no quiere decir que desestime todo aquello que asombra a la mayoría de las personas. Me refiero en este caso concreto a los espacios realizados gracias a un altísimo nivel económico.

Después de ver desde dentro de un extraordinario equipo la enorme complejidad que existe a la hora de proyectar un hotel de lujo como el que se acaba de inaugurar en nuestro país, asumir que el dinero lo hace todo es lo más alejado de la realidad. Hay que estar muy formado, tener muchos referentes, muchas imágenes en el fondo de la memoria, muchas ideas para desarrollar la creatividad y la innovación. Y sobre todo hacerse muchísimas preguntas para intentar mejorar el diseño. Por ello siempre me pregunto el valor de una alfombra. Parece una banalidad plantearse la transcendencia de un tejido colocado en el suelo, pero puedo asegurar que es importantísimo.

Cuando un suelo es continuo sin juntas marcadas con el mismo material y acabado, es más probable que el mobiliario tenga más valor en sí mismo, como un objeto de diseño, sin tener especificidad para el espacio que ocupa. Por ello, un mecanismo para subdividir el espacio es el empleo de finos planos extendidos sobre el pavimento. Las alfombras delimitan un espacio donde colocar objetos independientes que de esta forma quedan ligados entre sí. La misma idea está ejemplificada en Projet pour place (1930-1931) de Alberto Giacometti  o en numerosos ejemplos de arquitectura moderna como la Ópera de Sydney, de Jörn Utzon.

Si le damos la vuelta a este mecanismo, tendremos un elemento que delimita un espacio a modo de campanone y que a gran escala lo tenemos ejemplificado en la ampliación del Museo Reina Sofía en Madrid de Jean Nouvel.

O bien, cuando el espacio es insulso de por sí, siempre podremos hacer como Frank Gerhy en las oficinas para Chiat/Day en Venice, California (1985-1991) donde una enorme lámpara domina el espacio, y que Rafael Moneo describe muy bien: […] “El espacio es, una vez más, convencional. Pero la exagerada lámpara, el gigantesco cesto que invade y domina por completo el espacio, lo transforma al hacer que nuestra atención gravite exclusivamente sobre ella. El espacio no se modela, se actúa sobre él: es esta acción la que cuenta. La distorsión que el cambio de escala de la lámpara supone, da lugar a un nuevo espacio. El espacio conveniconal de que partíamos se ha convertido en otra cosa: la gigantesca lápara lo ha descontextualizado. Sin esfuerzo, sin diseño. Pensemos por un momento en lo que hubiera sido esta sala de consejos diseñada por un Scarpa, un Hollein o un Castiglioni. Años de trabajo, increíble esfuerzo. Gehry, respondiendo al espíritu de los tiempos, se mueve en un terreno en el que no es preciso tal esfuerzo. La operación, como ocurre con los artistas conceptuales, es mental, ajena a toda actividad que requiera un oficio específico. El resultado es, sin embargo, espectacular: la lámpara suspendida se apodera de nuestros sentidos, y no podemos por menos de sentirnos cautivados por ella.” (Texto extraído del libro “Inquietud teórica y estrategia proyectual en la obra de ocho arquitectos contemporáneos”, Actar 2004)

Sin embargo, existen interiores donde sus pavimentos dialogan armónicamente con su mobiliario. Un buen ejemplo de ello es la sede central del Banco de España en Madrid. Aquí lo podremos conocer a fondo, mientras que en la conferencia en la Fundación Barrié de la Maza entenderemos la última ampliación de la mano de  Rafael Moneo, así como la evolución del mismo.

Cuando tuve la oportunidad de visitar toda la sede, quedé realmente impresionado por sus acabados interiores, pero sobre todo porque sus muebles eran precisos para cada sala. Si observamos la foto del principio entenderemos muy bien lo que quiero decir. Por ello, he llegado a la conclusión de que una alfombra siempre esconde un suelo pobre, en el sentido material y estético.

En la fotografía superior observamos que un mismo tipo de piedra puede estar en la tapa de una mesa como en el suelo, demostrando la eficacia de tal mecanismo para que todo sea armónico.

A pesar del cuidado meticuloso en el empleo de mobiliario firmado por Rafael Moneo en su ampliación, a mí no me llega a emocionar tanto como lo hacen las salas de Yarnoz. Sólo el cuidado en la acústica es un punto a favor. Sorprende averiguar cómo el material más contemporáneo empleado por Moneo ha dado algún problema con su ejecución, el mismo material que le da problemas a Francisco Mangado en el estadio de la Balastera. Cuando un material es nuevo, cuesta hacernos a él, pero es necesario ver sus ventajas e incovenientes.

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~ por tifosoarchitecture en noviembre 29, 2009.

 
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