Ensueño parisino. Charles Baudelaire (1821-1867)

Paris

Paris

I

Del paisaje aquel, tan terrible

que otro igual nadie vio nunca,

su imagen borrosa y lejana

esta mañana aún me fascina.

        ¡El sueño está lleno de milagros!

        Por fin un capricho muy raro,

        de tales espectáculos borré

        a las plantas irreales,

y un pintor de mi genio ufano

en mi pintura iba deleitándome

con la monotonía embriagadora

de metales, mármoles y aguas.

        Era un palacio ilimitado,

        Babel de escalinatas y arcadas,

        con mil surtidores y cascadas

        derramándose en oros mates y sepias;

había cataratas que bajaban

como cortinas de cristal,

y deslumbrantes colgaban

de murallas de metal.

        Los dormidos estanques se ceñían

        con columnatas y no con árboles,

        y gigantescas náyades ahí se miraban

        como auténticas mujeres.

Entre orillas de color rosa y verde

capas de agua, azules, fluían

a lo largo de miles de leguas

hacia los confines del universo;

        así era: piedras increíbles y

        mágicas olas; no había sino

        inmensos hielos deslumbrados

        por todo cuanto reflejaban.

Indiferentes y taciturnos

Ganges, por el firmamento,

vertían el tesoro de sus urnas

en abismos de diamante.

        Y yo, arquitecto de mis ensueños,

        por capricho hacía pasar

        un océano ya amansado

        bajo un túnel de joyas;

todo, incluso el color negro,

aparecía lustrado, claro, irisado;

el líquido engarzaba su gloria

en pleno rayo cristalizado.

        ¡Y ni un astro, ningún vestigio

        del sol, ni siquiera en la base del cielo,

        para iluminar a tales prodigios

        que por fuego propio brillaban!

Sobre esas maravillas cambiantes

un silencio de eternidad

se cernía (¡novedad terrible!

¡todo para mirar, y para oír, nada!)

II

Al abrir los ojos, llameantes y

apasionados, sólo vi el horror de

mi covacha, y en mi alma sentí

cómo herían las penas malditas;

        Un reloj con acento fúnebre

        daba el mediodía, cruelmente;

        y en triste mundo entumecido

        del cielo vertía sus tinieblas.

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~ por tifosoarchitecture en agosto 29, 2009.

 
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