Bureau de Poste et Logements (Oficina postal y viviendas), Paris, 1991. Aldo Rossi

La columna de Filarete según Aldo Rossi

La columna de Filarete según Aldo Rossi

Oficina postal y viviendas, 151 Avenue Jean Jaurès, París (al lado de la Cité de la Musique, Parc de la Villette). Julio 2009. FATografia.

El intento de comentar un edificio de Aldo Rossi hoy en día puede parecer pesado y aburrido, o incluso puede ser tentativo a pensar que vamos a hablar de historia. Puesto que no se trata de alguien contemporáneo que está en la cresta de la ola, pues para los jóvenes como el que escribe, puede resultar osado y arriesgado. Corremos el riesgo de quedarnos en una visión epidérmica ya que ignoramos tantísimos aspectos primordiales. Pero vamos a analizarlo como si fuésemos ajenos a la arquitectura y ser valientes por un instante.

A simple vista vemos un cilindro azul ante una esquina de dos fachadas de ladrillo visto. Por el lado más largo observamos que la edificación continúa hasta el otro extremo donde intuimos que se repite lo que tenemos ante nuestros ojos. Es un volumen compacto y rotundo, roto exclusivamente por la repetición precisa de huecos en fachada. Son líneas rectas que se contraponen a la curva regular del cilindro. Gracias a la gráfica publicitaria nos percatamos que se trata de la oficina postal y podemos llegar a adivinar que el resto son viviendas, ya que la construcción es expresiva por sí misma y carece de rótulos que nos informen de un programa adicional.

 

Espacios de transición interior-exterior

Espacios de transición interior-exterior

 

Si analizamos los detalles, vemos que el arquitecto se apoyó en el mecanismo de la simetría para componer la fachada, así como hizo uso de las teorías tripartitas albertianas. Me refiero a la composición clásica de la fachada en tres partes: zócalo, paño intermedio y remate o cornisa, pero de manera discreta, mucho menos atrevido que Perret (por citar a alguien). Esto nos indica que Aldo sabe de construcción. Sabe que a una fachada de ladrillo cara vista hay que protegerla de la lluvia, tanto de la del agua que cae del cielo por arriba como la salpicada por abajo, así como también conoce que el aluminio del cilindro puede ser susceptible de golpes y por ello coloca un zócalo de piedra de unos cincuenta centímetros de altura (esto lo encontramos en las obras de Manuel Gallego, por citar a alguien, en los Institutos de Investigación de Santiago de Compostela, donde aumenta el grosor de la pieza de granito que está en contacto con el suelo). Al estar enrasado con el muro de ladrillo nos informa que ya estaba previsto desde el proyecto, que no se trata de algo añadido posteriormente. Su despiece vertical es por dos motivos: uno, porque le permite realizar la curvatura con la misma pieza, y dos, porque aleja la primera junta horizontal lo máximo posible del suelo, para que las irregularidades del suelo y su inclinación no distorsionen la imagen del edificio. Este truco es repetido por múltiples arquitectos contemporáneos, entre otros, Álvaro Siza en el pabellón de la Expo de Lisboa.

 

Repetición, simetría, orden...

Repetición, simetría, orden...

 

Como remate del edificio propone una cornisa con tres escalonamientos que avanza sobre la vía pública, y que parecen piezas prefabricadas. Incluso repite la estrategia en el cilindro de aluminio con un remate que no es de piedra u hormigón, acorde con el material y la geometría que protege.

Las fachadas rojizas están aparejadas a soga con un ladrillo ordinario, con los tendeles y las llagas del mismo espesor, rondando los diez milímetros. Se produce un plano terso y firme, sólo alterado por los huecos. Éstos son regulares y muy legibles. Sabemos dónde está la entrada y dónde las ventanas gracias a la escala. La fachada nos habla de sinceridad. Los dinteles metálicos pintados en verde nos hablan de cómo trabajan los muros de carga de ladrillo. Por ello, se dejan a la vista e incluso no se mimetizan con el ladrillo a través del color para enfatizar esa idea. Son vigas armadas de acero hechas ad hoc. E incluso, si afinamos la vista, vemos que el canto está dimensionado en función de la luz y teniendo en cuenta la altura del ladrillo. El canto del dintel del acceso equivale a cuatro ladrillos, mientras que en las ventanas a tres. En ambos casos, están pensados para coincidir con las juntas.

Pero la fachada aún cuenta más. Hay una sutil estratificación de los pisos. Desconozco el motivo, pero creo que puede ser por dos razones. O bien por composición y para recordarnos dónde está el forjado, o bien, por una razón constructiva que creo es la principal. Existe una hilera de ladrillos en los que percibimos unas llagas abiertas cada tres módulos, así como una especie de canalón de reducidas dimensiones, que se unen a una bajante al doblar la esquina. Es para recoger el agua de la cámara ventilada del muro de ladrillo y evitar así que deslice libremente muro abajo.

 

Zócalo en clave albertiana

Zócalo en clave albertiana

 

Esta importancia de alejar el agua se percibe también en los desagües de las terrazas. Son pequeños tubos que cumplen una función constructiva similar a la de una gárgola. Las ventanas se colocan a haces intermedios, es decir por donde pasa la cámara de aire para solucionar de la manera más lógica el puente térmico. El alfeizar se trata con una chapa plegada de zinc.

El zinc se vuelve a emplear en la cubierta curva de la parte intermedia de la edificación. A mí me recuerda a las cubiertas de pizarra de muchas viviendas francesas. Estoy hablando de la cubierta tipo Mansarda, donde el tejado baja toda una planta para que las ventanas salgan como buhardillas sobre él. Con este mecanismo la escala del edificio se reduce. Parece más bajo de lo que realmente es. Me parece una sutileza por parte de Aldo Rossi hacer esta lectura contextual del edificio, del genius loci. Creo que ha sabido entender la importancia del lugar y de la identidad pero sin renunciar a sus recuerdos provenientes de Italia. Me refiero concretamente al cilindro, a la columna de Filarete que tanto le impresionó cuando era joven en Venecia. Recomiendo leer sus propios escritos en el libro sobre Aldo Rossi de la editorial Eclecta, así como el padre nuestro de muchas generaciones posteriores La arquitectura de la ciudad, 1966 (Uno de los libros más influyentes del siglo XX).

Me surge una duda sobre los colores. ¿Alguien sabe por qué ha elegido el verde, el azul, o el tono rojizo de los ladrillos? ¿Se deben a las pinturas metafísicas de Giorgio de Chirico? ¿Transmite esta obra de Rossi una sensación de lánguido extrañamiento al carecer de ornamentación aplicada al igual que los cuadros desérticos de Chirico?

 

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~ por tifosoarchitecture en agosto 21, 2009.

 
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