Paisajes de Galicia: contextos cotidianos

La grandeza de uno mismo es sentirse como uno más

La grandeza de uno mismo es sentirse como uno más

Hace tiempo me encontré en una revista con el texto que sigue.  Pocos días antes había estado por allí…

“En uno de los cabos que forman las penínsulas que separan las rías de la costa de galicia, en un paisaje horizontal, lleno de viento del océano y alternativamente quemado por el sol o sumergido en la niebla está, colocado en un recodo y al abrigo, el pueblo de Corrubedo. En un paisaje tan poco exótico, podría pensar uno, para un inglés, David Chipperfield se construye una casa frente al mar para pasar las vacaciones con su familia.

Durante algún tiempo he tenido la sospecha y el temor de que seguramente fue mi excesivo –y en absoluto objetivo- entusiasmo al hablarle de Corrubedo allá por el año 1991 en Milán, el causante de su acercamiento a estas tierras y de su decisión de cambiar el Mediterráneo, lugar de sus veraneos anteriores, por el Atlántico. Una idea que enseguida deseché cuando entendí su comportamiento nada convencional, abierto a todo con el humor y receptivo a lo que iba descubriendo en el lugar. Su elección delata el particular gusto y sensibilidad del autor para la contemplación de la naturaleza y nos anuncia una personalidad poco influenciable por los lugares comunes. Esta actidtud de dsifrute no se limita al paisaje, sino que se amplía a los valores culturales, culinarios y lúdicos del lugar, por encima de convencionalismos y extendiéndose como una actitud vital a su arquitectura.

Si la casa que se hace para sí mismo el arquitecto –casa sin cliente y, por tanto, libre de condicionantes- la entendemos como un manifiesto de lo más personal y profundo de su modo de entender y hacer la arquitectura, la de David Chipperfield está organizada toda ella para disfrutar del paisaje extraordinario donde se ubica, del contacto con la naturaleza y de las pequeñas cosas y acontecimientos que de manera cotidiana se producen en la vida de una familia. Quizás por ello lo primero que se siente al entrar en la vivienda es una sensación de bienestar y comodidad. Pero lo mismo se puede decir del edificio: la casa está cómoda en el lugar. Su contextualismo poco tiene que ver con la construcción de trazados y referencias compositivas y sí mucho con el deseo de sumergirse en el mundo que la rodea y de diluirse en él. Paradíjicamente, de la voluntad del proyecto de anularse en su contexto surge su singular belleza.

La composición de la vivienda gira en torno a un sensible hedonismo conducido por una racional distribución de sus espacios: más que argumentos compositivos que estructuren las plantas se evidencian sistemas lógicos, finos y sensiblemente realizados, capaces de generar espacios domésticos de emocionante intimidad y gran cohesión con el tejido urbano preexistente. Un pedestal pétreo, incorporado a las rocas de la costa, acoge unos dormitorios-camarotes en planta baja a los que se puede acceder desde el exterior. En la primera planta, abierta al mar, se sitúan los espacios colectivos de la familia, como la estancia y la cocina. A través de su frente acristalado, que abarca la totalidad de la fachada a este nivel, se siente uno como en un navío en medio de la bahía. Arriba, los dormitorios se enlazan a una generosa terraza privada que enmarca el paisaje, única expresión de individualidad que muestra la fachada y un guiño de su autor. Termina la vivienda en una terraza mirador en la azotea donde volvemos a encontrar, junto a un banco, un asador que nos recuerda la importancia de los matices en estos ámbitos tan relacionados con la vida íntima de la familia.

Todos los espacios abiertos son como balcones colgados hacia el mar, desde donde se puede percibir la sencillez y sensibilidad con la que el edificio incorpora su fachada fraccionada en el frente marítimo de Corrubedo. Arquitectura de la naturalidad, la vivienda está en su sitio, como si siempre hubiera estado allí, pese a ser absolutamente diferente a las otras construcciones. Situada en un ángulo de una estrecha calle paralela a la costa, la vivienda se cierra a ella y le da la espalda. Aparentando querer pasar inadvertida, la arquitectura se confunde con las construcciones adyacentes a cada lado. Justo en el ángulo, como si de una junta de encuentro se tratase, está el acceso.

Cabe pensar en este punto que el autor posee otra cultura, pues es capaz de imaginar como estable el hermoso ritmo, libre y lleno de frescura, creado por las construcciones del lugar con la fuerza que le da su espontaneidad, tan alejada de la usual rigidez ordenancista. Sólo quien valora con sensibilidad este paisaje urbano puede pensar y desear que sea estable, y así olvidar que la individualidad que lo produjo puede variarlo en cualquier momento ante la indiferencia y ceguera de los responsables municipales. La vivienda de Chipperfield en Corrubedo es un hermoso ejemplo de una actitud ante la arquitectura que, por encima de otras búsquedas más propositivas, ya sean conceptuales o formales, utiliza con inteligencia y maestría el lenguaje arquitectónico heredado para dar una respuesta sensible a los problemas reales.

Construcción elegante, personal y cuidadosa en los detalles. Una arquitectura que busca y consigue hacer más grata la vida. La sabiduría que encierra se traduce en la serenidad que desprende.”

Manuel Gallego Jorreto en AV Monografías 131, pág. 18.

Un sabio que habla de otro sabio.  La localización de sus estudios profesionales ya dice mucho de ellos. Allá por Londres, un estudio de nivel mundial pasa desapercibido en el interior de una manzana muy cerca del jolgorio de Camden, como si se tratase de una vivienda más, mientras que en A Coruña, el otro apenas tiene de nombre “arquitecto” en el timbre. Humildad cargada de sabiduría elevada a la máxima potencia.

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~ por tifosoarchitecture en mayo 6, 2009.

 
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